MOTIVOS PARA UNA BIBLIOTECA

Pombo no es un proyecto editorial vinculado a un momento completo, es una colección que recorrerá de forma panóptica el arte del siglo XX en adelante.

Nuestra intención es recuperar formatos y discursos perdidos, y el primer paso es recuperar la idea de colección, huir de la inmediatez enemiga del pensamiento. La forma de construir esta biblioteca se basa en la fidelidad, la curiosidad y la paciencia.

Cada tres meses aparecerá un libro con un autor o movimiento que irá complementando, de forma cronológica, todo un siglo artístico español en palabras de críticos, teóricos y escritores tanto actuales como alejados en el tiempo, duplicando y cruzando la mirada y planteando nuevas lecturas tanto a obras modernas como contemporáneas.

La forma de publicación tiene que ver con los fascículos con los que se crearon las colecciones enciclopédicas que llenaron el país de bibliotecas. Tiene que ver con el deseo de recibir o encontrar el que nos falta, un marcado carácter de colección. No es la única forma de acceder a nuestras publicaciones, ya que se pueden adquirir individualmente.

Cada libro es una síntesis de una vida de entre 100 y 200 páginas, lo cual permite acercamiento tanto superficiales como intensivos, buscando una línea editorial tanto para el público general como para el experto.

Desde el primer número, Solana, hasta el final de la colección, que cerrará un artista vivo, se buscará un criterio que, más que con conceptos dudosos como la importancia o el prestigio, tendrá que ver con la relevancia de la obra producida, con su significado en la historia del arte español entendido como arte universal.

El nombre de la editora es un homenaje a un momento determinado en el que se debatía la posibilidad de la idea de vanguardia en un contexto físico que es, además, un cuadro, una obra maestra de la pintura producida por el primer autor de la colección.

El antiguo café y botillería Pombo cercano a la Puerta del Sol, se abrió al parecer a comienzos del siglo XIX,​ en el número 4 de la calle de Carretas, por aquel entonces calle de librerías y tiendas ortopédicas. Es muy posible que fuese una botillería que se transformase en café, por influjo de las modas; así se cita en 1928 en un estudio realizado sobre las tabernas de Madrid de ese periodo. El local era sombrío y ya antiguo, cuando en 1912 el escritor Ramón Gómez de la Serna decidió abrir su tertulia literaria de los sábados por la noche, con el permiso de Eduardo Lamela, dueño del local.​

Ramón la bautizó «La sagrada cripta del Pombo» y atrajo allí a intelectuales y artistas, en su mayoría jóvenes y de espíritu vanguardista.​ La tertulia, que se reunía la noche de los sábados y se mantenía hasta la una de la madrugada, se mantuvo hasta el año 1937. Tras la guerra civil española, el local como muchos otros durante la posguerra se convertía en un antro más de la noche madrileña, en el que se solían reunir entonces las prostitutas del cercano Café de Zaragoza al que el humor madrileño denomino: café de la sífilis. Cerró en 1942 y en su lugar se abrió una peletería.

POMBO

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